Rebelión en el cementerio (II parte)

Aquí la primera parte. Y aquí por si alguien no sabe de que va esto.


– ¿Y ahora que hacemos, jefe? – preguntó inquieto.

– ¿No han dejado ninguna nota? ¿nada?.

– Voy a ver – y se dirigió al panel – Si, aquí hay algo.- le entregó el papel a su superior.

– Esto es peor de lo que pensaba, es la ruina – dijo.

– Pero ¿Qué es lo que pone? – preguntó.

– Que no van a volver hasta que oficialmente haya dos días de los difuntos. Se han vuelto locos.

– Vayamos a buscarlos, no pueden estar muy lejos – dijo para intentar animarlo.

– Es el fin, el fin…

Decidieron tomar cada uno un camino distinto para ver si así los encontraban. El problema era que aunque lo hiciesen, ellos eran solo dos y los muerto muchos, no cederían tan fácilmente.

Antes de llegar a la entrada de la ciudad, el director del cementerio se encontró con una figura que le resultaba familiar.

– ¡Tu! ¡Sabía que tu estarías detrás de todo esto!- le gritó.

– Anda, vamos, ¿Qué hay de tu sentido del humor? ¿Cuándo te volviste tan gruñón? – contestó sonriendo el muerto

– ¿Gruñón? ¿y tú cuando te volviste un revolucionario? Tenéis que volveros ya al cementerio – ordenó.

– De eso ni hablar. Queremos otro día, con uno solo al año no tenemos suficiente.

– ¡Pero si tenéis el cementerio siempre abierto para las visitas!. Cualquier persona puede ir, incluso los fines de semana – contestó con tono conciliador.

– Pero la gente esta muy ocupada, sino es un día exclusivo para nosotros no viene. Menos cuando llega uno nuevo, claro – dijo tratando de justificarse.

– ¿Pero como van a ir dos días al año? – empezaba a alterarse – Dejad a los vivos vivir su vida. Vosotros ya no estáis aquí, ya no formáis parte de esto. ¿Qué más os da quien os visite?

– Queremos ver a nuestra familia, saber de ellos. Allí nos aburrimos, todos los días son iguales. Nunca pasa nada. Nadie nos hace caso.

– Ese es vuestro lugar, vuestro tiempo ya pasó. No podéis hacer que la gente esté pendiente de vosotros todo el tiempo – dijo intentando argumentar.

El muerto se quedó pensativo. En el fondo, el director del cementerio no estaba tan equivocado. Si bien continuaba pensando que lo que pedían era justo y razonable, también era verdad que si la gente no iba tanto a hacer la visita era porque no querían.

Tenía que reconocer que su tiempo ya había pasado, pero eso era muy duro de admitir.

– Venga, volvamos que ya es tarde – le dijo el director – Si queréis os pondremos una radio y así al menos tendréis música y podréis oír las noticias. Y una vez al mes haremos un baile. Y compraremos un proyector para que podáis ver películas – ofreció con la mayor amabilidad posible.

– Creo que tienes razón, ya nadie quiere ver a sus muertos. Solo somos un estorbo, será mejor volver a casa – musitó triste.

El resto de muertos no andaba lejos, este, como líder les dijo las nuevas condiciones y lo que iban a conseguir. Los demás muertos no tuvieron problemas en volver, incluso algunos lo estaban deseando, se habían acostumbrado tanto a la rutina del cementerio  que cualquier otra situación les hacía sentir incómodos.

De todas formas, el director estuvo pensando mucho sobre lo sucedido. El también moriría algún día y le parecía triste acabar así. Se preguntó si podría hacer algo al respecto. Después de mucho pensarlo encontró la solución ideal para los vivos y los muertos.

Unos días después, cuando ya había vuelto la calma al cementerio.

– Jefe, ¿crees que será buena idea? – preguntó el encargado de mantenimiento.

– Claro que sí ¿quién mejor que ellos? Y ahora date prisa y que esté todo apunto, hoy es el primer día y tiene que salir todo bien – contestó entusiasmado.

– Claro, jefe – dijo marchándose a ultimar detalles.

Y así fue como empezó el servicio de guardería en el cementerio. Al estar la gente tan ocupada con su trabajo no tenía apenas tiempo para los niños, así que antes de empezar la jornada laboral los llevaban al cementerio. Allí los muertos los cuidaban, jugaban con ellos, les contaban historietas y todos se divertían.

Muchos de los muertos conocieron a sus bisnietos. Y de paso, los padres cuando los dejaban y los recogían, hablaban con sus familiares fallecidos, y les contaban como les iba. Los muertos estaban mejor que nunca, se sentían útiles y valorados.

– Veo que has hecho un buen trabajo – le dijo el líder de los muertos en la fracasada revolución al director del cementerio.

– No ha sido tanto, solo era encontrar una forma de beneficiar a las dos partes – contestó humildemente.

– Muy bien pensado, se nota que has tenido buenos maestros.

– Los mejores, abuelo, los mejores – dijo sonriendo mientras fue a abrazarlo.

FIN

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5 pensamientos en “Rebelión en el cementerio (II parte)

  1. Como alargar tu pena Autor de la entrada

    Bueno, con que le guste a mis chicas favoritas a mi me sobra! 😉

    Responder

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